Día 5 Kolmanskopp

Día 5 Kolmanskopp

Objetivo Kolmanskopp (fotografías antiguas). En el puerto de Lüderitz encontramos unas algas con forma de pulpo, de cuerpo grande y cuyas “patas” tienen apariencia de cuerdas de marinero. Al salir del poblado vemos la clásica estampa hollywoodiense africanizada. Salimos pitando para llegar prontito a la ciudad fantasma de Kolmanskopp, una de las razones por las que quise viajar a Namibia.

Llevamos recorridos ya casi 1000 kilómetros en 4 días así que el rodaje a la caravana está hecho. Hacemos y deshacemos el colchón de la caravana cada mañana en dos minutos y nos hemos tenido ningún problema mecánico.

María la aventurera 🙂

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegamos a Kolmanskopp, uno de los atractivos turísticos de Lüderitz, aparcamos frente a la entrada. Kolmanskopp es una ciudad fantasma, que crearon los alemanes para explotar una mina. Crearon una ciudad en medio del desierto y tenían grandes problemas para que las dunas del desierto no acabaran entre sus calles. Cuando acabaron con todo el mineral, que coincidió con el fin de la primera guerra mundial, la ciudad quedó abandonada y ahora es una ciudad engullida por el desierto, un placer surrealista para fotógrafos en el que puedes entrar en todas las viviendas, iglesias, fábricas, escuelas,  zonas de ocio, baños públicos, etc… con el peligro que conlleva ya que las casas eran de madera y las escaleras que conducen a los pisos de arriba, suelos y techos están derruidos, es bastante peligroso para el turista ya que en cualquier momento caerá alguien, se cerrará o solo se permitirá ver desde fuera. Gracias a la inprudencia africana, puedes hacer una visita sin limitaciones. En nuestro caso entrábamos en las viviendas y observábamos el desierto desde cierta altura que le da más perspectiva. No tenía fin. Hay un pequeño museo que te sitúa en el tiempo a principios de siglo, es una mansión con habitaciones gigantescas que reproduce las viviendas de la época, cocinas de leña, gimnasio, bolera, animales disecados que impresionan al verlos, tenían bastantes comodidades tratándose de esa época. Al fin y al cabo vivían de la explotación de una mina de diamantes. En el museo no hay nadie vigilando, todo se puede ver y tocar, utensilios médicos, herramientas de minero, hasta hay pequeños objetos, fotografías y documentos de la época en cajoneras de madera.

Increíble el viento que soplaba en esa ciudad, nos costaba mantenernos en pie en la foto
Vista de Kolmanskopp desde lo alto de una duna, donde se encontraba la iglesia.

Cuando sales por la parte trasera de la mansión, te encuentras en mitad del pueblo, todo recubierto de arena, con pequeñas dunas entre los edificios coloniales. Es un lugar abierto, con un viento potente y se forman bastantes remolinos, la arena entra en cada hueco de tu cuerpo, ojos, boca, orejas, zapatos…, las dunas entran en las viviendas, en las habitaciones, algunas llegan hasta el techo, algunas puertas las tienes que cruzar a gatas entre la duna y el marco superior de la puerta para pasar a otras habitaciones. Algunas viviendas mejor conservadas permiten ver estanterías, lámparas y papel pintado de la época. La entrada a la ciudad vale unos 5 euros por cabeza. No es pagado.

Es inevitable hacer decenas de fotos cada vez que entras en uno de los edificios. Merece mucho la pena. El lugar más surrealista de nuestro viaje a Namibia.

Interior del antiguo colegio de Kolmanskopp
Vista de Kolmanskopp

 

La sudadera y chaqueta se ha convertido en la indumentaria del viaje más que en un recurso así que María compra otra en la tienda Pep’s, en Lüderitz. Aprovechamos para pegarnos la comilona del viaje, una delicia del lugar ya que llevamos bastantes días comiendo en la caravana, probamos las famosas ostras de Lüderitz, cangrejo al curry con parrillada de marisco en tempura. Unos 30 euros los dos.

Yo disparando como pollo sin cabeza

La noche la pasamos en un poblado de apenas dos calles, frente a una gasolinera, donde alguien ha aprovechado su terreno de apenas 100m2 para hacer un pequeño Lodge, con duchas improvisadas, muy económico y pintoresco. Si tenéis que hacer la colada, no la pongáis a secar de noche cerca del Namib, acabará tu ropa totalmente roja como si hubiérais pasado la noche en el Holi indio 🙁 fuera bromas.

 

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